Voy a ser breve. Entiendo que lo que voy a contar
posiblemente –seguramente- le importe a poquísima gente. De allí la
brevedad.
Ayer por la tarde, en una mas de estas tardes de bochorno,
de ropa pegada al cuerpo y calor Kalahari, estaba en el parque de mi casa. Una
gran montaña de hojas y pasto seco esperaban ser quemados.Prender un
fuego cuando uno esta prendido fuego no parece muy coherente, pero eso
hice.Pronto el humo, espeso y gris, comenzó a filtrarse entre las hojas de
los árboles , mientras los rayos del sol de la tarde oficiaban de dagas , cortando al
humo en mil pedazos.
El piso de ladrillos del solar sobre el cual
celebraremos las fiestas exigía ser lavado. Me obligo a hacerlo, a disgusto.
Busco el cable, largo. La máquina hidrolavadora. Un cepillo. La manguera
,perezosa, de meses sin disfrutar del agua en su interior. Parece que va a
andar. Anda. Comienzo el recorrido lento, hilera por hilera, ladrillo por
ladrillo. No se cuantos minutos iban. No se , tampoco , porque miré. Pero miré.
Y vi. La vi a Morena en la pileta. Tiré la maquina , sin apagarla, y corrí. Me
coloco a su lado. Mi vieja perra labradora que ya no camina bien, nadaba mal.
Se agitaba. Nadó hacia un borde. Y me miró.
Me miro con ojos de pedir. Y de esperar. Morena se estaba
cansando, sus patas traseras no se movían. Se hundía. Se ahogaba. Sus ojos
opacos, de perra vieja, sabían que podían esperar algo de mi: la tomé del lomo
y la arrastré hasta uno de los bordes. Hizo un ultimo esfuerzo, con sus uñas
largas de ya no caminar e intentó
trepar. No pudo. Me miró, una vez mas. Un empujón y afuera. Trastabillando (quien no
haya tenido un perro viejo , posiblemente no haya visto nunca un perro
trastabillar) se corrió hacia un lugar en el que aun daba el sol y se sacudió,
a duras penas. Miles de gotitas volaron y, por un momento, Morena fue joven otra vez y yo con ella.
Parece mentira que en este 2013 de Poseidón, no el dios
griego,el del tridente, sino del barco
que , sin hundirse, tiene mi vida dada vuelta,
haberme convertido en el intimo y módico héroe de mi perra es, al menos, un esperanzador aliciente.
Poco después veo que Morena estaba echada, con sus patas hacia arriba, retozando al sol, sabiendo que aun había tiempo. Un rato mas.