Entrar ,despacio pero ansiosos.Una moneda para el acomodador,que nos daba un programa por todos conocido,impreso en papel barato, en blanco y negro, con avisos de la pizzería de la otra cuadra y la tienda de un poco mas allá.
Y luego entrar. Al templo. Del silencio y de la fantasía. Todo podía ocurrir allí La risa , la sorpresa, el llanto,la emoción. Alterada solo por algún molesto celofán que envuelve caramelos de naranja.O tutti frutti.
Hace ya tiempo que no voy.El tiempo me ha barrido sin contemplaciones. Quizás en pos de la modernidad, quien sabe. Mi orgullo me hace callar. Me parece escuchar las voces que resonarían "Calláte, viejo"... ó: "¿Como que no puedo comer mis nachos con enchilada?"...o : "¿Qué?¿Le molesta el ruido que hago al comer mis pochoclos?,No se preocupe solo compré un balde de cinco kilos..."
Preferí guardarme en mi casa, con mi modesto dvd y mis 32 pulgadas. Estereo. Eso si, en mi sillón gastado en donde tiene que estarlo,con una cavidad apenas hundida, casi imperceptible, en el apoya-brazos, en la que el vaso de scotch se establece a prueba de caídas.
En esas condiciones pude ver una de las mejores películas que vi. Una película menor ,si de presupuesto hablamos, pero enorme , si de lo que queremos hablar es de emociones.
Se llama "El Ultimo Elvis" y fue dirigida por Armando Bó.
Decir que la película trata sobre la vida de un empleado fabril , separado, con una hija, y que se cree Elvis es minimizar lo que la película en realidad es.En realidad la película trata sobre lo que queremos ser y no podemos ser. Sobre los sueños incumplidos que chocan contra la realidad de piedra. Trata sobre las relaciones acabadas, pero también acerca de aquellas relaciones que nos esperan y a las que , quizás, no podemos hacer frente.
Nunca me gustó demasiado ni Elvis ni su música pero -extrañamente- nunca pude dejar de sentir un cosquilleo al escuchar "A mi manera" cantada por el.
La escucho ahora mientras escribo y pienso en Carlos.
Carlos -así se llama el protagonista , un impresionante John Mc Inerny- vive escapando. Se traslada en un destartalado Ford Fairlaine,pero cree que conduce alguno de los cadillacs del Rey de Memphis. Prepara el sonido de sus paupérrimos shows en asociaciones de fomento y clubes de barrio, con un profesionalismo digno del mejor show de Las Vegas.
Su hija se llama Lisa Marie y llama a su mujer, Priscilla. Escapa. Carlos escapa constantemente de su vida.
Su matrimonio se hizo añicos hace rato, y ve a su hija solo a la salida del colegio.
Sin embargo un accidente hace que su ex mujer sea internada y el deba hacerse cargo de la niña .
Verlos sentados en el living de su desordenada y humildísima casa, mirando lo único que puede verse en su casa -recitales de Elvis- y comiendo sándwiches de manteca de maní y banana...como "El", nos da la pauta de la irreversibilidad de su vida.
Es un película de silencios y de música No hay persecuciones, ni efectos especiales, mucho menos sexo. Pero hay miradas. Miradas desesperadas. Silencios que lo dicen todo.
Carlos es el peor Elvis. El Gordo, el decadente. El ultimo. Es el que nos conduce por los suburbios de Buenos Aires. Y nos lleva en avión a Memphis, a Graceland.
Y nos hace participe de un final tan anunciado como emocionante.
Un amigo al que le gustan "las de tiros", me hubiese dicho:"¿ Así termina?
Y yo le hubiese contestado -solo después de recuperarme-: "Si, así termina"
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